cómo los artistas están creando un modelo para el futuro empresarial de cuba

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A principios de la década de los 90, después de la caída del bloque soviético en 1989, Cuba enfrentó su peor crisis desde la revolución de 1959. La población se vio forzada a soportar una escasez severa de alimentos básicos y de bienes de consumo, además de un racionamiento más intenso del habitual.

El modelo socialista convencional que fomentó el comercio entre la URSS y los países amigos, en conformidad con sus ventajas competitivas naturales, se vio profundamente golpeado. Como el azúcar ya no pagaba sus deudas, Cuba tuvo que descubrir un nuevo camino para conseguir mayor independencia económica y seguridad alimentaria. El sector agrícola fue el primero que se transformó al permitir que las cooperativas independientes aumentaran rápidamente la producción de productos básicos y de origen agrícola. Se fomentaron las asociaciones con productores internacionales de alimentos y grupos de hostelería, y se cerraron contratos, y la oferta cultural típica del país se orientó para que fuera consumida por los turistas que visitaban la isla y la exportación.

Cerca del final del periodo de cuatro años conocido como Periodo Especial, el control absoluto del Estado sobre la economía dio lugar al compromiso con las leyes de joint venture de 1994. Esas leyes permitieron que se establecieran asociaciones con grupos hoteleros internacionales y grupos empresariales mineros listos para invertir en proyectos de capital intensivo, también se permitió el surgimiento de profesionales autónomos en categorías limitadas de microempresas. El Gobierno cubano dejaba de imponerse como empleador único. Las salas de estar y balcones dieron lugar a pequeños restaurantes dirigidos por emprendedores gastronómicos. Músicos, artistas y cineastas comenzaron a ampliar sus areas de actuación.

En 1992, durante el auge del Periodo Especial, surgió una cooperativa artística entre tres compañeros de clase de una de las escuelas de arte de mayor prestigio en La Habana, el Instituto Superior de Arte. El grupo adoptó el nombre de Los Carpinteros inspirado por la tradición artesanal de fundir arte, función y diseño. Los Carpinteros perfeccionaron su arte y maduraron en los años posteriores a la escuela de arte, por lo que no tardaron mucho en llamar la atención de coleccionistas internacionales como Peter e Irene Ludwig.

Uno de los más reconocidos coleccionistas del mundo, Peter Ludwig se aficionó al arte cubano contemporáneo a principios de la década de los 90, y aunque no consiguiera abrir un museo en La Habana, tal y como había hecho en varias ciudades de Europa y de Asia, a causa de las limitaciones del Periodo Especial, decidió, en lugar de eso, crear la Fundación Ludwig en Cuba. La institución de carácter autónomo, no gubernamental y sin fines lucrativos fue la primera de este tipo en Cuba desde el comienzo de la revolución, cuya misión era proteger, preservar y promover el arte cubano en Cuba y en el exterior. Los Carpinteros se beneficiaron de la visibilidad que les proporcionaba la fundación e hicieron su primera exposición fuera de Cuba en el Ludwig Forum, en Aachen, Alemania.

Ludwig Foundation proporcionó la estructura para el intercambio cultural en las artes, pero fue una persona de dentro del sistema, Abel Prieto —ministro de Cultura de Cuba de 1997 a 2001— quien hizo realidad el sueño de que existiera una mayor interacción para los artistas como Los Carpinteros, según Ted Henken, profesor de Baruch College, en Nueva York, y autor del libro “Cuba emprendedora: cambios en el escenario político” [Entrepreneurial Cuba: The Changing Policy Landscape].

Prieto, líder comunista progresista, se convirtió en el vínculo entre artistas, músicos y el Gobierno. Él hizo campaña para que las personas activas en el mundo cultural pudieran viajar e incluso residir en el exterior. Él consiguió convencer a los partidarios de la línea dura del Gobierno de que las artes tenían que ser preservadas y que los artistas merecían tratamiento especial; sobre todo, ellos tenían que tener libertad de movimientos. Como resultado de ello, los artistas cubanos consiguieron permisos para viajar al exterior y hacer exposiciones y conciertos y regresar al país con los ganancias obtenidas por esas incursiones sujetas a pocas restricciones.

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LOS CARPINTEROS

Patas de Ranas – Final (diptico)
watercolor on paper
paper (each panel): 21 5/8 x 45 inches (54.9 x 114.3 cm)
overall: 21 5/8 x 90 inches (54.9 x 228.6 cm)
Collection of Mr. and Mrs. Boris Hirmas
© Los Carpinteros

Los marchantes de arte americanos estuvieron exentos de restricciones para sus viajes a Cuba desde que el Gobierno de EEUU concedió, mediante un acuerdo judicial, el derecho de intercambio de arte entre los dos países, en 1990, en conformidad con la Primera Enmienda. El caso fue llevado por el abogado Alex Rosenberg, que junto con su esposa, Carole, creó en 2000 el American Friends of the Ludwig Foundation of Cuba, una organización sin fines de lucro y exenta de impuestos, en conformidad con el ítem 501(c)(3) de la legislación tributaria americana, para facilitar el intercambio cultural a través de talleres, seminarios y viajes para fines artísticos a Cuba y que continúan hasta el día de hoy.

“Nuestro papel fue ayudar a los artistas cubanos”, dice Carole Rosenberg. “Pero ellos mismos crearon un mercado con la calidad de su trabajo”.

Redefinir el “pacto social”

Los Carpinteros y Dagoberto Rodríguez, que hoy reparte su tiempo entre La Habana y Madrid junto con Marco Castillo, uno de los fundadores del grupo, alaba sin reservas a la ONG. “Ellos merecen todo el crédito; es un mérito absoluto haber cooperado tan bien con el Gobierno y prosperado durante algunos de los años más duros de Cuba”, dice. Instituciones fuertes como American Friends of the Ludwig Foundation de Cuba son imprescindibles para la apertura calculada del sector, añade Castillo, y el modelo debería ser trasladado a los demás sectores fundamentales de la economía de Cuba.

Los artistas cubanos, incluso aquellos que están situados a la vanguardia de su disciplina, como Los Carpinteros, no se enriquecieron de forma exagerada. Ellos tienen, sin embargo, una vida relativamente cómoda en comparación con sus compatriotas de otros sectores del país, y ayudaron a alimentar el apetito de un mercado internacional hambriento de arte cubano. El modelo de participación funcionó, y ellos siguen defendiendo el ideal cubano, aunque con una gran dosis de pragmatismo.

Boris Hirmas, emprendedor y coleccionista de arte mexicano, señala que las autoridades cubanas fueron muy inteligentes al permitir que los artistas tuvieran la posibilidad de explorar y desarrollarse, en lugar de limitarlos. “El hecho de que la muestra de esculturas de Alexandre Arrachea —artista cubano que fue uno de los fundadores de Los Carpinteros— llenara Park Avenue en 2013 como parte de su exposición ‘No Limits’, y que el resto de Los Carpinteros fueran representados de forma colectiva por una galería de primera línea como Sean Kelly y muchas piezas fueron adquiridas por coleccionistas internacionales de renombre, no es un éxito repentino o casual. Fue el resultado de un trabajo arduo, algo propio de la naturaleza y la columna vertebral de la actividad emprendedora”.

Según Hirmas, la nueva generación de emprendedores que está surgiendo en Cuba debe estar muy agradecida a los artistas cubanos que abrieron el camino al profesionalismo autónomo en el país. “Creo que es la misma lección que observamos en América Latina y en todo el mundo — es decir, que la verdadera actividad emprendedora, aunque con recursos limitados, puede hacer maravillas, porque es algo del espíritu humano. Tiene que ver con la voluntad, y para mí está vinculado a la inspiración […] Ellos mostraron que […] no sólo es posible ganarse la vida de una manera decente, ser quién usted desea ser sin dejar de ser fiel a su naturaleza, también es posible ser exitoso y respetado por el resto del mundo, ellos mostraron que es posible relacionarse con el resto del mundo y formar parte, sin lugar a dudas, de un contexto global”.

Al igual que la libertad concedida a los artistas cubanos, las reformas económicas introducidas por Raúl Castro desde que asumió el poder en lugar de su hermano en 2006 tienen su origen en la autocrítica introspectiva del Periodo Especial, según los especialistas. La iniciativa privada adquirió un papel cada vez más importante, sin embargo fue introducido como compromiso lamentable, aunque imprescindible, para sustentar la economía y los ideales en general de la revolución cubana.

Actualmente, las reformas son introducidas bajo un nuevo paradigma conocido en los círculos oficiales como “actualización del modelo socialista cubano” cuyo objetivo es, ante todo, estancar la hemorragia de las compañías estatales deficitarias y, en segundo lugar, estimular una nueva ola de crecimiento económico.

Hay, básicamente, dos modelos a seguir, según Henken: el modelo militar, en que las estatales controlan los medios de producción directamente o por medio de joint ventures con inversores extranjeros; y el modelo empresarial, con que el Gobierno pretende aliviar el peso de muchas empresas pequeñas e ineficientes permitiendo que se hagan independientes.

“La razón por la cual el Estado adoptó esa doble estrategia se debe, en gran medida, al hecho de que él pretende conservar su monopolio de importación, exportación y de profesiones, es decir, en los sectores importantes de la economía, ‘deshaciéndose’ de muchos trabajadores estatales ‘superfluos’, dejando o permitiendo que trabajen ‘por cuenta propia’ en ocupaciones en general improductivas y enfocadas en la supervivencia, incluso medievales”, dice Henken.

La estrategia “puede ser percibida como una forma de conceder mayor libertad económica y redefinir el ‘pacto social’ entre los trabajadores y el Estado”, añade Henken. “Para algunos, se trata inclusive del abandono de ciertos compromisos fundamentales de trabajo de la revolución”.

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LOS CARPINTEROS
Tornado de Legos Rojos (díptico), 2011
watercolor on paper
overall: 78 5/8 x 63 1/4 inches (199.7 x 160.7 cm)
Collection of Ana and Lenny Gravier
© Los Carpinteros

Se abre una puerta

Pero al crear segmentos específicos para agentes privados, se ha abierto la puerta para que los emprendedores creen nuevas entidades empresariales.

El abogado Jorge Jordan Rodríguez se aprovechó recientemente de las nuevas reformas para crear una firma de consultoría propia en La Habana, Ambar Servicios Profesionales Cooperativa. Fueron necesarios prácticamente dos años para establecer Ambar, una de las más de 300 entidades de servicios profesionales no agrícolas autorizadas a formar cooperativas independientes. La empresa trabaja actualmente con compañías cubanas e internacionales, principalmente en el sector de contratos comerciales para la importación de alimentos de Miami y para la creación de compañías extranjeras en la zona económica especial vinculada al puerto de Mariel. Es un comienzo, dice, que llevará ineludiblemente a una demanda de activos locales entre los inversores internacionales.

Jordan es uno de aquellos emprendedores cubanos que tuvieron la suerte de vivir en el exterior. En 2004, pasó un año en Port of Spain, en Trinidad, trabajando para EY antes de volver a Cuba e ingresar nuevamente en las filas de abogados empleados por el Gobierno a la espera del momento propicio para invertir en su empresa.

Jordan no está solo. Muchos emprendedores con experiencia internacional están volviendo a Cuba para abrir empresas estimulados por las rondas más recientes de reformas económicas.

Luis Gell pasó ocho años estudiando fotografía y trabajando en Europa. Él se especializó en naturaleza muerta y fotografía arquitectónica, y ha trabajado con los principales arquitectos de Italia. Al regresar a Cuba, creó Studio 50, una cooperativa que alberga un estudio de producción independiente para todo tipo de servicios: fotografía profesional, videografía y diseño. Él trabaja con los tres sellos de música estatales de Cuba: BIS Music, EGREM y Producciones Colibrí, además de una clientela privada en Cuba y en el exterior.

“Cuba aún no es un país competitivo en este campo si comparamos una empresa de producción audiovisual como la nuestra con otras similares en EEUU, Europa o incluso en América Latina”, dice Gell. “Pero nuestro propósito es introducir una mayor sensibilidad en el mercado local. Confiamos en que, con el tiempo, seremos capaces de afirmar, con toda seguridad, que somos una empresa de clase mundial en ese segmento”.

Studio 50 publica una revista mensual online, Vistar, donde presenta lo más novedoso en el arte y en la escena musical contemporánea de Cuba. La revista destaca por la utilización de la inventiva típicamente cubana para superar las limitaciones logísticas que, de lo contrario, harían tal iniciativa imposible. Gell tiene contratado un servicio de hospedaje en República Dominicana y difunde el trabajo de diseño que ejecuta para sus clientes, en lugar de vender publicidad, lo que actualmente no sería un modelo de negocios permitido, señala. La primera edición impresa de Vistar debería ver la luz en los próximos meses. Prieto, ex ministro de Cultura, hoy consultor del presidente Raúl Castro, defiende un mayor acceso a la tecnología en Cuba, sobre todo en lo que concierne a la construcción de capacidad en el sector de la tecnología de la información y como herramienta para la promoción de la cultura y de las artes. Si tomáramos como base el historial de Prieto, Vistar en breve hospedará la web de su revista electrónica en casa.

Tal vez ningún otro emprendedor refleje mejor los cambios que están teniendo lugar en Cuba y la confianza recién adquirida que ellas desprenden que Richard Egues. Después de un tiempo residiendo en París, Egues abrió un restaurante y un cabaret en un ático con vistas al sector de interés de EEUU y al famoso paseo marítimo de La Habana. Egues aprovechó la reforma para limitar los comensales en los restaurantes particulares —antes fijados en 12 y ahora ampliados a 50— e invirtió cerca de US$ 150.000 para transformar un apartamento en un restaurante, bar y cabaret elegantes con terraza y piscina, donde hay música en vivo siete días por semana. El restaurante se llena prácticamente todas las noches, y las familias de Fidel y de Raúl Castro frecuentan el lugar.

Egues dice que era hora de volver a su Cuba natal dada la flexibilización de los controles sobre la empresa privada. El negocio todavía se enfrenta a numerosos desafíos, especialmente en lo que concierne a las compras, pero el emprendedor de 32 años sigue adelante a toda velocidad y ya tiene planes de alquilar otro espacio en el mismo edificio donde abrirá un bar de puros.

Aquí viene el cobrador de impuestos

Detrás del fervor en torno a la mayor libertad económica que permite al emprendedor cubano participar en el sector privado naciente de la isla hay una responsabilidad popular menos atractiva: los impuestos. Aunque la renta per cápita en dólares americanos haya sido insuficiente desde hace décadas para cubrir las necesidades básicas no atendidas por las cuotas de alimentos adjudicadas a cada familia a precios subsidiados, la gran mayoría de los cubanos que vive en la isla nunca ha tenido contacto con los impuestos. La estructura fiscal del país está en proceso de reforma actualmente, y la creación de un régimen que incentive el pago de impuestos tal vez sea el mayor desafío que Raúl Castor tenga que enfrentar en los próximos años a medida que un número cada vez mayor de cubanos decida trabajar por cuenta propia en lugar de depender del Estado.

Un primer paso importante en la reestructuración del régimen fiscal, según el abogado Jorge Jordan, de Ambar Asesores, consistirá en redirigir la red de seguridad social hacia aquellos que más dependen de ella. “En EEUU, el sistema de seguridad social está realizado con el objetivo de ayudar a los que más lo necesitan”, dice. “En

 Cuba, es como si todo el país dependiera del vale de alimentación; independientemente de si gana US$ 30 o US$ 1.000 al mes, usted tiene derecho a las mismas cuotas. En un sistema en que los salarios varían de forma significativa, este sistema es inviable y constituye apropiación indebida de recursos, lo que tendrá que ser revisado”.

Según Henken, la idea del igualitarismo “está muerta en Cuba y hasta el Gobierno ha dicho que el igualitarismo está equivocado y no debe ser un objetivo a alcanzar”. El Gobierno está decidido a garantizar igualdad de oportunidades y de derechos, pero tomó la posición según la cual el igualitarismo crea parásitos con consecuencias negativas para la eficiencia y la productividad en toda la economía, añade Henken. “Las reformas avanzan en ese sentido: garantizar las libertades y permitir que una fuerza de trabajo disciplinada sea recompensada”.

A medida que Cuba abre de forma cautelosa sus puertas a una mayor relación con EEUU, cualquier erosión de las garantías sociales que los cubanos consideran desde hace tiempo suyas por derecho de nacimiento tendrá que enfrentarse a la resistencia de los que dependen en mayor grado del Estado para su sostén diario. Los gestores de políticas cubanos tendrán que recurrir a toda la inventiva por la que su pueblo es conocido para conseguir el equilibrio entre proveedor y facilitador a medida que el Estado cede espacio para el florecimiento de la empresa privada.