directorio en las empresas familiares: ¿para que?

Hugo Sanchez Casanova

“Para no hacer lo que me da la gana”. Así de categórica fue la respuesta de un propietario de empresa familiar ante un cuestionamiento tan simple como suspicaz.

Quienes dirigen sus propias empresas se forman bajo ciertos rasgos de omnisciencia y omnipresencia que marca la forma de trabajo, y que marca también a quienes laboran en estas organizaciones. Esto no es un error o una mala costumbre o un problema de personalidad. Esto es necesario en las empresas familiares cuando están en etapa embrionaria y se encuentran durante los primeros años de desarrollo del negocio.

Esta necesidad se explica por lo menos por tres razones: primera, el emprendedor asume riesgos sustentados más por su sentido común que por análisis sofisticados; segunda, la caja no permite hacerse de costos fijos elevados, no hay recursos suficientes para contratar a personal ‘caro’ (profesionales con reconocida experiencia directiva), más que gente que ‘decida’ necesita gente que haga; y tercera -como derivada de las dos anteriores-, el propietario mantiene un firme control sobre todo lo que sucede en la empresa, nada se hace sin su autorización (de lo más estratégico a lo más operativo). Es un hombre orquesta.

Sin embargo, cuando la empresa llega a ciertos niveles de éxito, el volumen de actividad hace que el hombre orquesta quede rebalsado. Seguir manejando todos los hilos de la organización se convierte en una carga muy pesada y lamentablemente se afectan su salud, su relación familiar y el propio negocio.

¿Qué hacer? Para empezar tiene que aprender a concentrar sus esfuerzos en lo que hace bien y dejarse ayudar en lo que no hace tan bien. A decir de Pablo Ferreiro y Manuel Alcázar, profesores del PAD en su libro Gobierno de personas, la estadística demuestra que aquellos con buenas competencias estratégicas (orientación al negocio) suelen no tener buenas competencias ejecutivas (organización, delegación, comunicación) y viceversa. Los propietarios de empresas pertenecen al primer grupo.

La conformación de un directorio o un ente consejero como órgano de gobierno de una empresa familiar es un muy buen paso para ayudar en un proceso de consolidación. Fundamentalmente permite al fundador tener gente con la cual discutir sus decisiones y que le haga ver cosas que éste no haya visto. La periodicidad de estas reuniones busca consolidar en la práctica aquello que se discute en teoría, pues debe velar para que se ejecuten los acuerdos que se vayan tomando.

En mi experiencia, el aporte fundamental no se da sólo en lo estratégico, pues aunque el director/consejero no sabe tanto del negocio, se atreve a hacer preguntas que pueden parecer obvias y que muchas veces ayudan a una mejor conceptualización de los objetivos y metas que derive en una mejor planificación. Considero que el aporte más significativo en este tipo de empresas se da en lo ‘intratégico’, es decir en áreas que son de soporte al negocio: la gestión del talento, la estructuración de los costos, el ordenamiento de la contabilidad, la aplicación de tecnologías, etc. Estos temas suelen no ser del expertise del fundador, y dado que estos temas tienen su propia dinámica, se puede llegar a sentir ‘perdido’ ante la complejidad que va adquiriendo cada uno de ellos.

Conformar el directorio implica una voluntad de hacer cambios estructurales y muchas veces dolorosos. Implica que el hombre orquesta aprenda a dominar la batuta y dejar de tocar él solo la música, permitir que quienes dominan los instrumentos puedan realizar una mejor ejecución. Ahora le tocará a él (y al directorio) escribir la partitura acorde con nuevos retos estratégicos y a una nueva organización.

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