el banco de los brics

SERGIO ARANCIBIA V.
Se ha creado una tremenda ola de entusiasmo, como consecuencia de la decisión de los países integrantes del grupo BRICS –conformado, como sus iniciales lo indican, por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- de crear un banco de desarrollo.

Dicho banco tendría un capital de 100 mil millones de dólares, aun cuando partiría con un capital pagado inicial de 50 mil millones de dólares, cantidad que suena grande para cualquier ciudadano de a pie, pero que no es un monto demasiado exorbitante en el campo de la finanzas y del comercio internacional. Téngase en cuenta, como elemento de comparación, que China le ha facilitado a Venezuela, en el marco de las líneas de crédito que le ha abierto en los últimos años, una cantidad que cercana al capital pagado con que partirá ese nuevo banco de desarrollo; es decir, 50 mil millones de dólares.

Pero como quiera que sea, la creación de ese nuevo banco de desarrollo, NBD, no puede menos que saludarse como una iniciativa positiva. Por un lado, porque incrementará los canales institucionales, a través de los cuales, los países en desarrollo podrán acceder a créditos para sus proyectos de infraestructura. En el caso de un país como Venezuela, ya no solo tendrá al Banco Mundial, al Banco Interamericano de Desarrollo y a la Corporación Andina de Fomento, como instancias crediticias posibles, sino que se abrirá un canal adicional. Al aumentar la cantidad de instituciones financieras a las cuales acudir, cambia también la cantidad global de fondos que probablemente estarán disponibles para circular en calidad de préstamos hacia los países en desarrollo.

Otro aspecto importante de destacar, es que China tiene una cantidad importante de fondos en sus reservas internacionales, que le otorgan una gran capacidad crediticia, y de hecho ha venido otorgando créditos internacionales de importancia a muchos países, en calidad de préstamos de país a país. Sin perjuicio de que esas líneas de crédito se mantengan –o incluso, que se incrementen-, parece que China prefiere complementar esa forma de financiamiento con la creación de una institución financiera o bancaria, especializada en el otorgamiento de créditos, con lo cual se crea un agente internacional que tiene una serie de prerrogativas reconocidas internacionalmente, entre ellas el de ser un acreedor de primer nivel, cuyas deudas se pagan con prioridad con respecto a otros acreedores internacionales, en situaciones de crisis o de dificultades de pago.
Todos los bancos, nacionales e internacionales, cobran una determinada tasa de interés por los créditos que otorgan, y tratan de asegurarse de que los fondos se destinarán a aquello para lo cual fueron solicitados. Es dable pensar, que esos criterios estarán también presentes en la nueva institución que nace. Es decir, nadie puede ni remotamente pensar, que se ha generado una fuente de regaladera de plata. Además, es altamente probable que impere, en los préstamos que otorgue el NBD, el mismo criterio que preside los créditos de muchos otros organismos crediticios internacionales, consistente en que los bienes de capital adquiribles con los fondos prestables, tienen que provenir de los países socios del banco. En otras palabras, esta nueva institución financiera se convierte en un complemento de la expansión comercial de los países que componen, que financian y que dirigen el banco.

Durante años los países en desarrollo -incluidos los mismos que conforman el grupo BRICS- han venido bregando por que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se reformen de modo tal, que en su dirección pasen a tener mayor injerencia los países en desarrollo, o por lo menos los llamados países emergentes. Eso no ha sido posible, y Estados Unidos y los países europeos mantienen un férreo control de esos dos organismos. Con el paso que han dado actualmente los BRICS, se puede asumir que estos últimos han agotado las tratativas para reformar el BM y el FMI y han decidido actuar por su cuenta, creando organismos nuevos. Es posible que nadie se retire de los organismos anteriores, pero colocarán su fuerza financiera y política en el NBD. Los países en desarrollo, que no tienen capacidad de decisión en el BM y en el FMI -y que quedan subordinados a la condicionalidad que esos organismos les imponen cuando recurren a ellos para solicitar fondos-, tampoco tendrán capacidad de decisión en el NBD, aun cuando se supone que ese organismo estará dirigido por países más amigos, más comprensivos, menos comprometidos con el sistema bancario internacional y más comprometidos con un sistema político y económico internacional más plural y multicéntrico.
Ojala sea así.