el fraude emocional de complacer a los demas

Carles MarcosSi te quieres, puedes querer a los dems! Si te respetas, puedes respetar a los dems!. Estamos de acuerdo?. Creo que tod@s pensaremos que la teora es esa, pero cuntas veces nos encontramos con personas que se saltan la primera premisa?. Una cosa es empatizar con los dems y complacer a los dems y otra muy distinta es ir de salvador patolgico.En tiempos de crisis, ocurre en muchas ocasiones, encontrarte a gente que quiere ayudar, incluso busca profesiones donde ese verbo sea protagonista, pero esas personas, lo primero que se han de plantear es ayudarse a s mismo. Es fundamental!. Es como algn alumno que asiste a alguno de los cursos que realizo de crecimiento personal, que dice vengo para coger herramientas para ayudar a mi pareja, o aquel que compra libros de autoayuda para regalrselos a alguien, olvidndose que la reflexin ha de comenzar por uno mismo. Tod@s tenemos a algn buen amigo que da unos consejos maravillosos sobre como cuidarse pero que se olvida de su cuidado mental personal. Comparto un artculo del colega Borja Vilseca publicado en El Pas y titulado Generoso o dependiente?.Hay personas que se pasan la vida pensando ms en los dems que en s mismos. Personas extremadamente empticas y solidarias, cuya vocacin consiste en ayudar a otros. De hecho, muchos profesionalizan esta pulsin innata con la que nacieron, convirtindose en mdicos, enfermeros, psiclogos, asistentes sociales o voluntarios al servicio de alguna causa humanitaria. En muchos casos, incluso dedican sus vacaciones a enrolarse en alguna ONG, atendiendo a los ms pobres y desfavorecidos.En su mbito familiar y social, por ejemplo, suelen convertirse en la persona de referencia a la que el resto de amigos acuden cuando padecen algn contratiempo, problema o penuria. Son los primeros en ir al hospital cuando alguien que conocen acaba de ser operado, sufre una enfermedad o ha tenido un accidente. O en echar una mano cuando alguien se cambia de piso y necesita ayuda con la mudanza.Todos ellos suelen tener como referentes a la madre Teresa de Calcuta o a Vicente Ferrer. Inspirados por su ejemplo, consideran que lo ms importante en la vida es ser buenas personas. De ah que por encima de todo se comprometan con la generosidad, el altruismo y el servicio a los dems. Sin embargo, este comportamiento aparentemente impecable puede albergar un lado oscuro. Tarde o temprano llega un punto en que su compulsin por ayudar les termina pasando factura.Cuenta una historia que un joven fue a visitar a su anciano profesor. Y entre lgrimas le confes: He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las maanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada. Qu puedo hacer para que me valoren ms?. El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondi: Lo siento, chaval, pero ahora no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo das posponiendo. Si t me ayudas, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti.El joven, cabizbajo, asinti con la cabeza. Por supuesto, profesor, dime qu puedo hacer por ti. El anciano se sac un anillo que llevaba puesto y se lo entreg al joven. Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle, le explic. Ahora ve al mercado y vndelo. Eso s, no lo entregues por menos de una moneda de oro.Una vez en la plaza mayor, el chaval empez a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por l, algunos se rean y otros se alejaban sin mirarlo. Derrotado, el chaval regres a casa del anciano. Y nada ms verle comparti con l su frustracin: Lo siento, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de bronce. El profesor, sonriente, le contest: No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ve al joyero y pregntale cunto cuesta. Y no importa cunto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo.Tras un par de minutos examinando el anillo, el joyero le dijo que era una pieza nica y que se lo compraba por 50 monedas de oro. El joven corri emocionado a casa del anciano y comparti con l lo que el joyero le haba dicho. Estupendo, ahora sintate un momento y escucha con atencin, le pidi el profesor. Le mir a los ojos y aadi: T eres como este anillo, una joya preciosa que solo puede ser valorada por un especialista. Pensabas que cualquiera poda descubrir su verdadero valor?. Y mientras el anciano volva a colocarse el anillo, concluy: Todos somos como esta joya: valiosos y nicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cul es nuestro autntico valor.Dentro de este club de buenas personas hay quienes dan desde la abundancia y quienes, por el contrario, lo hacen desde la escasez. Es decir, quienes dan por el placer de dar y quienes, por el contrario, lo hacen con la esperanza de recibir. Centrmonos en estos ltimos, indagando acerca de lo que mueve realmente sus acciones.Muchos de estos ayudadores se fuerzan a hacer el bien, siguiendo los dictados de una vocecilla que les recuerda que ocuparse de s mismos, de sus propias necesidades, es un acto egosta. No en vano estn convencidos de que, para ser felices, la gente les ha de querer. Y de que, para que la gente les quiera y piense bien de ellos, han de ser buenas personas. Movidos por este tipo de creencias, suelen ofrecer compulsivamente su ayuda, atrayendo a su vida a personas necesitadas e incapaces de valerse por s mismas.Al posicionarse como salvadores, consideran que los dems no podran sobrevivir ni prosperar sin su ayuda. De ah que tiendan a interferir en los asuntos de sus conocidos, ofrecindoles consejos aun cuando nadie les haya preguntado. Sin ser conscientes de ello, pecan de soberbia, posicionndose por encima de quienes ayudan, creyendo que saben mejor que ellos lo que necesitan. Paradjicamente, su orgullo les impide reconocer sus propias necesidades y pedir auxilio cuando lo requieren.Detrs de su personalidad inclinada a agradar siempre, bondadosa y servicial se esconde una dolorosa herida: la falta de amor hacia s mismos. Un sentimiento que buscan desesperadamente entre quienes ayudan, volvindose individuos muy dependientes emocionalmente. Esta es la razn por la que con el tiempo aflora su oscuridad en forma de reproches, sintindose dolidos y tristes por no recibir afecto y agradecimiento a cambio de los servicios prestados. En algunos casos extremos terminan estallando agresivamente, echando en cara todo lo que han hecho por los dems. Tambin utilizan el chantaje emocional, el victimismo o la manipulacin para hacer sentir culpables a quienes han ayudado, esperando as obtener el amor que creen que merecen y necesitan para sentirse bien consigo mismos.Si das para recibir, es cuestin de tiempo que acabes echando en cara lo que has dado por no recibir lo que esperabas. Erich FrommEl punto de inflexin de estos ayudadores compulsivos comienza el da que deciden adentrarse en un terreno tan desconocido como aterrador: la soledad y la introspeccin, poniendo su empata al servicio de sus propias necesidades. Solo as superan su adiccin y dependencia por el amor del prjimo, volvindose mucho ms autosuficientes emocionalmente. Solo as logran poner lmites a su ayuda sabiendo decir no, sin sentirse culpables o egostas por priorizarse a s mismos cuando ms lo necesiten.Antes de volver a ayudar a alguien, puede ser interesante que se pregunten lo que les mueve a hacerlo, comprendiendo el patrn inconsciente que se oculta detrs de sus buenas intenciones. De este modo, dejarn de acumular sentimientos negativos hacia aquellos que no les devuelven los favores prestados. A su vez, tambin pueden recordarse que cada persona es capaz de asumir su propio destino, aprendiendo a resolver sus problemas por s misma.En este sentido, es fundamental que comprendan que nadie hace feliz a nadie, puesto que la felicidad se encuentra en el interior de cada ser humano. Lo cierto es que este bienestar interno es el motor del verdadero amor, desde el que las personas dan lo mejor de s mismas sin esperar nada a cambio. En vez de comportarse como buenos samaritanos, su gran aprendizaje consiste en ser personas felices. Es entonces cuando comprenden que dar puede resultar la verdadera recompensa.Hablando de esa verdadera empata que uno ha de tener a la hora de ponerse en los zapatos de los dems, os muestro este vdeo

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