el impacto del trabajo de los padres desde la perspectiva de los hijos

Empresas por la Infancia (ExI), iniciativa de Fundación Arcor, Save the Children y UNICEF que busca movilizar prácticas de Responsabilidad Social Empresaria desde la visión de los derechos de la Infancia (RSE-I), realizó talleres con niñas, niños y adolescentes para indagar sus percepciones respecto de cómo los afecta el empleo de sus cuidadores. El poco tiempo para la familia, un tema recurrente.

Empresas por la Infancia (ExI) presentó su foco de trabajo: Público Interno e Infancia. El objetivo es abordar la manera en que las empresas impactan en la vida de los niños, niñas y adolescentes a través del vínculo que establecen con sus empleados. En este contexto, se llevaron a cabo talleres con hijos/as de padres y madres trabajadores, de entre 8-10 y 13-15 años, a fines de relevar sus percepciones y opiniones respecto del tema.

La información relevada evidenció que el principal dato de referencia de los niños a la hora de evaluar el trabajo de sus padres está relacionado con el tiempo. No sólo consideran que pasan muchas horas en sus lugares de trabajo, también perciben que suelen trasladar sus ocupaciones al hogar. La afirmación “Mis papás trabajan aún cuando están en casa” fue señalada como verdadera por todos los participantes del taller. Otras frases de los chicos fueron: “Tiene que trabajar hasta muy tarde”, “nunca tiene tiempo para mí” y “a mi papá lo llaman por teléfono fuera del horario laboral”. La calidad del tiempo disponible para pasar junto a ellos también fue problematizada. Los chicos hicieron énfasis en que sus papás llegan cansados, incluso si los notan contentos.

En lo específicamente relacionado con las empresas empleadoras, los talleres arrojaron reflexiones interesantes. Los testimonios de los niños, niñas y adolescentes dejaron ver una clara propensión a percibir más positivamente el trabajo de las madres que el de los padres. Esta posición se desprende de aspectos positivos como que ellas tengan “mayor flexibilidad para pasar tiempo con ellos” y que puedan “estar en casa al llegar del colegio”. Algunos chicos incluso indicaron que en los trabajos de sus mamás realizan “muchas cosas para hacer con las familias” y que les gustaría que sucediera lo mismo con los de sus papás. Aquí son muchas las variables que pueden presentarse. Por un lado, en muchos casos las políticas de las empresas tienen un sesgo de género que favorece a las madres otorgándoles más beneficios que a los padres. Por otro lado, en el mercado laboral las mujeres se suelen ver más afectadas por empleos vulnerables o por cuenta propia, lo cual si bien es posible que en algunos casos les dé mayor flexibilidad en el vínculo con sus familias, quedan en mayor medida excluidas de los sistemas formales de trabajo o de protección social.

Otro punto de acuerdo entre todos los chicos fue que no les gustaría trabajar donde lo hacen sus padres. También en este sentido, el grupo de adolescentes aventuró un decálogo de buenas prácticas que incluye: que los padres no trabajen los fines de semana ni durante las vacaciones, que apaguen el celular al llegar a casa, que se cumplan las 8 horas laborales, que tengan flexibilidad para salir de la oficina y ocuparse de sus hijos y que puedan hacer home-working, entre otras.
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