gestionando emociones en la empresa

Carlos Mora Vanegas
Presencia de ánimo y valor en la adversidad valen para conquistar el éxito más que un ejército

La empresa esta integrada por seres humanos, en donde cada uno tiene sus propias emociones, sentimientos, carga energetica que debe sabersele administrar a fin de garantizar equlibrio, seguridad, resultados favorables en todo lo que realiza.
Desafortunadamente, son muchos los gerentes que no han sabido identificar lo que involucran las emociones en el clima de trabajo, en el desempeno de las funciones a realizar , el no estar identificado con su alcance, repercusiones que ello puede originar, originandose muchas veces, conflictos, clima organizacional negativo, que no favorece para nada al comportamiento organizacional necesario para alcanzar los objetivos planificados.
Justamente sobre el tema opina Juan Pedro Sanchez que se ha descubierto, gracias a la ciencia, que el ser humano no es racional, sino que somos seres emocionales con capacidad para razonar. Explicando esto, por qué no basta con tener un contrato racional firmado y con razonar cada vez que surge un problema para que todo vaya sobre ruedas en las organizaciones.
Es decir, es biológicamente imposible dejar las emociones a un lado y utilizar solo la parte racional. Somos un todo integrado. No vale eso de aquí se entra (y se sale) del trabajo en el horario pactado, se trabaja, se cobra y vuelta a empezar. Todo mecánico, racional, frío y calculado. No somos robots.
Pero claro, cuando además el trabajo que hay que realizar es poco “manual” y muy “mental” (comunicación, marketing, ventas, consultoría, dirección de proyectos, soluciones tecnológicas complejas, software, etc.) es más complicado definir de manera tácita las tareas concretas, la función, el rol, o el horario de trabajo (sobre todo si hay que cumplir objetivos).
Entonces entran en acción habilidades cognitivas, como la gestión inteligente de las emociones en nosotros mismos y en los demás, que es clave para llegar a los objetivos propuestos, para adaptarse a los cambios que suceden de manera imparable, para adaptarse a la realidad de cada día, para lidiar con la incertidumbre y para liderar equipos de trabajo muy cualificados. Es cuando se hace imprescindible la gestión de los estados emocionales, ya que éstos son el chasis que dará soporte a todo el engranaje organizacional, para que éste no se venga abajo.
www.knowledgeatwharton.com.es en relacion al tema opina, que en los últimos años ha tenido lugar una “revolución afectiva” a medida que los académicos y también directivos se han dado cuenta de que las emociones de los empleados forman parte de lo que ocurre en una organización, dice Barsade, que ha estado investigando el área de las emociones y dinámicas de trabajo durante 15 años. “Al acudir al trabajo los empleados también llevan consigo sus emociones. Llevan consigo su cerebro. Llevan consigo sus emociones. Los sentimientos determinan los resultados. Determinan el comportamiento y otros sentimientos. Hay que pensar en la gente como conductores de emociones”.
Barsade y Gibson consideran tres tipos diferentes de sentimientos:
• Emociones puntuales de corto plazo, como la alegría, la ira, el miedo y la indignación.
• Estados de humor, que son sentimientos que perduran algo más y no están necesariamente relacionados con una causa particular. Por ejemplo, una persona puede estar de buen o de mal humor.
• Rasgos de la personalidad, que definen el enfoque general de una persona ante la vida. “Siempre es tan alegre”, o “Siempre mira el lado negativo”.
Estos tres tipos de sentimientos pueden ser contagiosos, y las emociones no tienen por qué ser especialmente intensas u obvias para producir un impacto. Demostraciones sutiles de las emociones, como fruncir rápidamente el ceño, también pueden tener efectos, dice Barsade. Y como ejemplo señala lo siguiente: “Pongamos por caso que tu jefe está por norma general de buen humor, pero un día lo ves en una reunión y ves que su mirada es diferente. Aunque no cruces de nuevo la mirada con él durante el resto de la reunión, sus ojos te han desvelado información valiosa que te va a tener preocupado y descentrado el resto de la reunión”.
La fuente citada agrega, que Barsade sugiere, que aunque algunas personas son mejores que otras en el control de sus emociones, eso no significa que sus compañeros de trabajo no se den cuenta de sus estados de ánimo. “Tal vez pienses que no estás mostrando tus emociones, pero probablemente lo haces a través de tus expresiones faciales o lenguaje corporal. Emociones que incluso no seamos conscientes de que estamos sintiendo pueden influir sobre nuestros pensamientos y comportamiento”.
En el artículo se discute el concepto de “trabajo emocional”, empleado para describir situaciones en que los empleados disciplinan la demostración pública de sus emociones para cumplir con ciertas expectativas. Uno de sus enfoques es la “actuación superficial”, en la que, por ejemplo, el estresado y cansado agente que presta servicios de atención al cliente en una compañía aérea se obliga a sí mismo a sonreír y ser amable con los malhumorados clientes que han perdido su equipaje. Otro enfoque es la “actuación profunda”, en la que los empleados muestran emociones que reflejan sentimientos en los que han trabajado hasta llegar incluso a sentir. En este escenario, el estresado trabajador de la compañía aérea simpatiza con el cliente y muestra emociones que sugieren cierta empatía. En opinión de Barsade, este segundo enfoque posiblemente sea más sano, ya que causa menos estrés y “síndrome de estar quemado”, en particular agotamiento emocional por tener que regular tus propias emociones y “representar un papel”.
Ser demasiado auténtico, ¿tiene puntos negativos? Si la empresa está perdiendo dinero y experimentando los efectos de una reducción de tamaño, ¿debería el manager, estresado y abrumado, trasmitir su desesperación a los trabajadores? ¿O debería intentar parecer alegre y actuar como si nada malo ocurriese? En opinión de Barsade, el manager puede trasmitir emociones que sean al mismo tiempo auténticas y positivas, diciendo cosas como “Se que estáis preocupados. Las cosas no marchan muy bien, pero tenemos soluciones y debemos trabajar juntos en ellas”. Los empleados valorarán la honestidad y les consolará el optimismo, explica Barsade.
Conclusion
Definitivamente, los estados de ánimo influyen en nuestro desempeño laboral y condicionan nuestro rendimiento. Afortunadamente, , cita espacioimpulso.es hace mucho tiempo se dejó de creer que el éxito laboral dependía sólo de la capacidad técnica y el conocimiento profesional de las personas. Ahora sabemos que las emociones juegan un papel fundamental; están en la base de todas las decisiones que tomamos y afectan a la calidad de las relaciones, las actitudes, la forma de gestión y las previsiones de futuro auto-generadas.
Las emociones pueden desencadenarse en situaciones desligadas del trabajo, sin embargo, es común que el individuo no pueda separarse de ellas mientras está desempeñándolo. En otras muchas ocasiones, las emociones tienen su origen en el propio ámbito laboral: estrés, valoraciones negativas que el propio individuo hace y recibe, interacción conflictiva con los colegas, entre otras, nos afectan y condicionan. Junto con estos factores individuales hay que destacar la delicada situación que viven las organizaciones en este momento: cambios, incertidumbre y en muchas ocasiones amenazas de despidos.
Docente de postgrado, Faces,
Consultor-asesor de Deproimca
Exatec- Egade
carmorvane@gmail.com