la relación entre cultura y política según la visión de carlos fuentes

(A continuación el extracto de un ensayo sobre Carlos Fuentes por José Ricardo Dordron de Pinho)

Es algo bastante claro que existe una (gran) relación entre cultura y política: si la cultura es el conjunto de actividades de una sociedad, consideradas globalmente, sabemos que tiene que ver con la política, una vez que representa lo que hace un determinado grupo que mantiene contacto entre sí; si la política son principios que conducen las relaciones entre los Estados, está ahí la cultura, ya que estas relaciones son actividades realizadas por los ya mencionados grupos sociales. Siendo tal como es, no nos queda ninguna duda de que cultura y política realmente se relacionan mutuamente.

A través de la lectura de los libros del escritor Carlos Fuentes, es posible encontrar en ellos tanto cultura como política. Sus obras muestran la vida que el hombre mexicano lleva, cómo vive y qué hace. Vemos elementos culturales en descripciones, por ejemplo, y, por detrás de todo, motivos políticos. Carlos Fuentes interpreta su momento, tornando visible el problema de la vida humana y tratando de ayudar a encontrar soluciones para que el ser humano pueda afirmarse como tal. Intentaremos demostrar a partir del análisis de la obra de Fuentes, principalmente del libro Valiente mundo nuevo, la relación existente entre cultura y política.

La continuidad cultural

Al escribir Valiente mundo nuevo, Fuentes se ve ante dos fechas que se le imponen como mexicano. La primera la comparte con toda la humanidad: es el fin del siglo XX. Para el milenio siguiente, aún en blanco a la hora de la escritura, lo que había, a la vez, era esperanza y miedo.

La segunda fecha que se le impone es la del Quinto Centenario, celebrado en 1992 (cuando escribió el mencionado libro, tal año todavía no había llegado). Es una fecha de gran importancia que, a pesar de antigua, es también bastante actual, por motivos culturales (la unión de varios grupos bajo una denominación común – América) y políticos (la dominación europea en el Nuevo Mundo). Para Fuentes, este hecho, no obstante su importancia, hasta hoy no ha sido bien nombrado. Desde un determinado punto de vista podría llamarse descubrimiento de América, encuentro de dos mundos, conquista de América, reencuentro de Iberia e Iberoamérica, invención de América o imaginación de América. O sea, dependiendo de la visión, la fecha puede celebrar un dominio o un cambio de informaciones, por ejemplo.

En realidad, América, por ser un continente multirracial y multicultural, no acaba de ser descubierta. Y para ser imaginada, o sea, continuada, hay que tener en cuenta la continuidad cultural y la continuidad política de Europa que se hace en América. Hubo en América grandes fracasos políticos; sin embargo, hay un gran vigor en la continuidad cultural. Basándose en este hecho, se le puede dar sentido y posibilidad a la continuidad política.

Para Fuentes, la cultura en América se encuentra muy bien, mientras la política pasa por grandes aprietos. Se pregunta: “¿Podemos trasladar a la vida política la fuerza de la vida cultural, y, entre ambas, crear modelos de desarrollo más consonantes con nuestra experiencia, con nuestro ser, con nuestra proyección probable en el mundo por venir?”

En su opinión, la cultura (la novela, el poema, la pintura, la obra cinematográfica, la pieza de teatro, la composición musical, el ensayo, y también el mueble, la cocina, el amor y la memoria) se encuentra bien porque se ha hecho con gran seriedad, con libertad y alegría. Como dice, la única oportunidad que el pueblo tiene de “tener su propio banquete en su propia mesa y no depender de las migajas de la civilización” es pasar la política actual por la crítica de la cultura. Es probable que si se hace política con la misma dedicación y voluntad con que se hace cultura, el resultado sea el mismo: un gran éxito alcanzado por un objetivo común.

Con la reunión de cultura y política se podrá salir de la crisis, con el alcance del fortalecimiento de la democracia, pues sólo se crece con justicia. Hay que haber políticas de justicia social, con todos iguales ante la ley, y un pacto de civilización, con todos los grupos culturales relacionándose entre sí sin que un grupo se considere superior al otro. La democracia y la literatura son manifestaciones de la continuidad cultural, que representa la base para una cultura democrática en Iberoamérica.

De acuerdo con el pensamiento de Fuentes, el escritor tiene una función social: recordarlo y escribirlo todo. Si el pueblo se olvida de lo que le ocurrió o no sabe qué les sucedió a sus antepasados, el papel del escritor es contárselo, y debe pasarlo a la forma escrita para que no se pierda. Además, de este modo todas las informaciones quedarán seguras para las futuras generaciones.

Hay que mostrarle a la población iberoamericana que desde el período colonial aquélla viene viviendo una doble realidad: al lado de las leyes que valoran el carácter humano, progresista y democrático está, en contradicción, la realidad, que es inhumana, retrógrada y autoritaria. Esta contradicción resulta en la América que se habita: a la vez un país legal y un país real, ocultándose todo por la fachada del primero, como si las leyes, por sí solas, fueran suficientes para acabar con toda la violencia y los equívocos que realmente se viven.

La vida americana hoy día es el resultado de lo que le siguió a la conquista europea: un continente cuya civilización es multirracial y multicultural. Han contribuido para su formación los conquistadores europeos, el grupo indio que ya habitaba la región y los africanos traídos como mano de obra esclava.

Cada uno de los grupos llevaba un estilo de vida y tenía un gusto propio. El resultado es el que ya se ha dicho: un continente multirracial y multicultural, en el que cada grupo contribuyó de alguna manera, culturalmente todos, sea en el arte o en la cocina, por ejemplo, y políticamente el grupo más fuerte, que dominaba a los demás y les imponía su posición, los europeos.

Fuentes escribió un libro en el que trata de la nueva novela hispanoamericana; discute en él los orígenes de la narrativa hispanoamericana más reciente, haciendo una asociación con el crecimiento explosivo de las ciudades, la aparición de clases sociales modernas y los trabajos de una inteligencia de orientación internacionalista, es decir, surge una nueva novela porque surge un nuevo grupo con un nuevo pensamiento, que intenta relacionarse con los otros grupos. Fuentes afirma que la nueva novela la inició Borges, tras haber alcanzado una síntesis narrativa a partir de la cual se puede saber qué se es al tener la memoria actualizada con todo lo que se ha sido. Si tenemos en la memoria todas las cosas por las que hemos pasado, podemos saber quiénes somos en la actualidad. Borges pudo dar una muestra de lo que era América gracias a la apropiación de las tradiciones culturales, que representan a todo el pueblo, por la imaginación literaria, que es la obra en el presente que retrata el pasado.

Con todo lo dicho anteriormente, llegamos a la afirmación de Fuentes sobre la más nueva novela hispanoamericana, según la cual ésta presenta una vocación histórica. Reflexiona sobre el pasado para poder dar una contribución para el futuro. Siguiendo esta tendencia, llegamos a otra afirmación, ésta sobre el poder de la ficción, que formula una idea que pocos historiadores son capaces de tener: todo lo que vivimos inmediatamente se vuelve pasado; siendo así, el pasado no se concluye nunca. Para que no se torne un fósil, hay que reinventarlo constantemente. El principal objetivo de la ficcionalización de la historia es el de permitir una vigilancia histórica de la continuidad cultural del continente, hecho que asegurará una continua discusión sobre todo lo que se hace en él, con el fin de llegar a lo mejor para toda la sociedad.

*José Ricardo Dordron de Pinho
Revista Eletrônica do Instituto de Humanidades
Universidad de Unigranrio
http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/