liderar y delegar en la pyme

Mario Astorga De Valenzuela

El liderazgo es situacional. Un buen negociador puede ser un líder ideal antes de que estalle la crisis, pero una vez que las batallas se iniciaron, la organización seguramente requerirá un líder más operacional y estratégico.

Hay muchas teorías sobre liderazgo y su influencia en los resultados de las empresas. Una de las que está más es boga es la de Insights Discoveryâ, elaborada a partir de los Tipos Psicológicos propuestos por Carl Gustav Jung. Una de las novedades de este modelo es que utiliza los colores Azul, Verde, Amarillo y Rojo para facilitar la auto-comprensión de tus propias características y las de los otros. Lo que sostienen es que cada persona se caracteriza por una combinación única y diferente de estos cuatro colores, lo que determina los esquemas mentales que utilizamos al evaluar, trabajar y relacionarnos con nuestro entorno profesional.

Pero hay que tener claro que esa es una de las muchas tipologías o maneras de clasificar los liderazgos. Hay varios modelos. Unos clasifican el liderazgo de acuerdo a la motivación del líder (hacia las personas o hacia los resultados), otros sobre el estilo de liderazgo utilizado (democrático, autoritario, participativo y laissez-faire), otras sobre la comprensión que tenemos de cómo son nuestros colaboradores (la Teoría X y Teoría Y de Mc Gregor), etc. Esta mini revisión de la literatura es sólo para enfatizar que en esta materia no hay verdades.

En general, salvo límites vinculados a los derechos de las personas, no hay estilos de liderazgos malos o buenos, sino más o menos apropiados a una realidad, a un equipo de personas, a un problema y a un objetivo.

Hay varios mitos con respecto al liderazgo que es necesario desnudar antes de salir a “adquirir” lo que nos falta, ya que un buen líder normalmente busca en otros lo que le falta.

¿Somos líderes todos los empresarios y emprendedores? Al parecer no. Hay algunos empresarios muy exitosos, pero no por ser líderes de sus empresas (incluso las frenan), sino por otras condiciones ejecutivas como capacidad de negociación, visión, conocimiento técnico o acceso a la información, etc. No bastan los buenos resultados de la empresa para demostrar liderazgo, sino la capacidad para cambiarla y llevarla a una mejor situación.

¿El líder nace o se hace? Hay varias características del liderazgo que pueden ser innatas a algunas personas y ausentes para otras. Sin embargo, la mayoría de las “técnicas” para ejercer el liderazgo se pueden aprender. No basta tener buena voz para ser un gran cantante, y algunos con menos recursos vocales pueden conseguir el éxito: adquirir la técnica vocal y escénica es lo fundamental.

¿Deben los líderes tener todas las respuestas? Mientras más global y complejo se ponga el mundo, es mucho más importante que un líder sepa hacer las preguntas correctas y tenga la curiosidad suficiente para buscar en distintas partes las respuestas (y no sólo en sus propios conocimientos y experiencia). Si tus colaboradores siempre te están preguntando qué hacer, es claro que no estás liderando un equipo que piensa.

¿Sólo los ejecutivos superiores de una organización deben liderar? Hoy en día, con las redes sociales, internet y la velocidad del cambio tecnológico, las empresas, para tener éxito, necesitan muchos líderes que provoquen cambios al interior de ellas y en el comportamiento de las personas. En las principales catástrofes de la humanidad han surgido liderazgos salvadores que no tenían ningún cargo ejecutivo o título previo.

¿Se caracterizan los líderes por poner su atención en un solo negocio? Hoy en internet aparecen muchos personajes que se definen como “empresarios seriales”. Un líder puede estar trabajando en varios objetivos y empresas a la vez, pero debe asegurarse que cada organización en la que participa tenga claros sus objetivos y prioridades.

Empresarios PyME y delegación de autoridad. Los propietarios de pequeña empresa tratamos normalmente de hacer una buena parte del trabajo de gestión nosotros mismos. A lo largo del tiempo, esto se transforma en un hábito difícil de abandonar, lo que impide delegar y permitir que otras personas del equipo asuman responsabilidades. Si no somos capaces de delegar, ni trabajando 25 horas al día lograremos todo lo que nos hemos propuesto. Nunca es tarde para comenzar a delegar, y es mejor hacerlo más temprano que tarde.

Una de las principales causas porque no delegamos, es por la falsa sensación de pérdida de control. Si no somos capaces de confiar en el equipo que nosotros mismos elegimos para acompañarnos, ¿de quién es la culpa? Afortunadamente es algo que podemos resolver, pero claramente la solución no es poner todas las tareas sobre nuestros hombros. No hay ninguna posibilidad de ser el líder que nuestra empresa necesita, si no somos capaces de delegar. Mientras menos hagas tú directamente, si tu empresa funciona, estás liderándola bien.

Si estás interesado en delegar en tus colaboradores, un primer paso aconsejable es hacer, al comienzo del día y durante varios días, una lista escrita (si la quieres hacer mentalmente te será más difícil), donde establezcas claramente las principales tareas que debes realizar. Después de terminar la lista, anota qué actividades puedes delegar y en quién. Habrá tareas que sientes puedes delegar y otras que no. A medida que veas que la delegación funciona, traspasa en forma permanente y formal frente al equipo, esa actividad a un colaborador.

En una primera instancia, delegar no es fácil: se siente que te estás desprendiendo de algo (autoridad) y que nadie lo va hacer tan bien y comprometidamente como tu (responsabilidad). Afortunadamente, nadie es irreemplazable y hasta el dueño de una empresa puede ser eficientemente liberado de muchas tareas por sus colaboradores. Déjate sorprender por la habilidad de tus colaboradores para hacer algunas cosas incluso mejor que lo que esperabas. Si crees que un colaborador no tiene todas las competencias necesarias para hacer un trabajo, no te hagas trampas en el solitario, no le delegues esa tarea, busca otras tareas u otras personas a quien delegar.

Una manera de estimular tus habilidades delegadoras es pensar en qué podrías hacer si logras que tus colaboradores se hagan cargo del 20% de las cosas que tú haces ahora.

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Mario Astorga De Valenzuela