motivate a volar alto

Carlos
Mora Vanegas

     

        
Mientras permanecemos en esta dimension, con una forma perecedra que en
cualquier momento debemos abandonar para alzar nuestro vuelo e irnos a otra
dimension, debemos irnos preparando a volar, para ello,  no descuidemos lo que representa el  autoconocernos,  determinar lo que representa el vuelo y
permitir que nuestos pensamietos nos conduzcan a esas dimensiones  que debemos alcanzar

     
Al respecto, teresa-cervera.blogspot.it
comenta, que un rey recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó
al maestro de cetrería, para que los entrenara. Pasados unos meses, el maestro
le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al
otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó desde
el día que llegó. El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran
al halcón, pero nadie pudo hacer volar el ave. Encargó, entonces, la misión a
miembros de la corte, pero nada sucedió. Al día siguiente, por la ventana, el
monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil. Entonces, decidió
comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera
volar al halcón.

A la mañana siguiente, vio al halcón
volando ágilmente por los jardines. El rey le dijo a su corte, “Traedme al
autor de ese milagro”. Su corte rápidamente le presentó a un campesino. El
rey le preguntó:

– ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo
hiciste? ¿Eres mago?

Intimidado el campesino le dijo al rey:
– Fue fácil mi rey. Sólo corté la rama, y el halcón voló. – Se dio cuenta que
tenía alas y se largó a volar.

 
Agrega la fuente mencionada, que vivimos dentro de una zona de comodidad
donde nos movemos, y creemos que eso es lo único que existe. Dentro de esa zona
está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Convivimos con nuestros
valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En esa zona reina nuestro
pasado y nuestra historia. Todo lo conocido, cotidiano y fácil…

Tenemos sueños, queremos resultados,
buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos. No
siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles. Deja de aferrarte a
tu propia rama y corre el riesgo de volar más alto…

“Quedarse en lo conocido por miedo a lo
desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir.”

 Lourdes Qinteiros comparte sobre el llamado del volar,
recordando lo que un padre le dicia a su hijo:  -Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es
cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te
limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del
abismo en la montaña.

-Ves hijo,
este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí,
respirar profundo, y saltar al abismo.

Una vez en
el aire extenderás las alas y volarás…

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones
que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a
sus compañeros con los que había caminado toda su vida.

Los más pequeños de mente dijeron:

-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está delirando…

-¿Qué vas a buscar volando?

-¿Por qué no te dejas de pavadas?

-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:

-¿Será cierto?

-¿No será peligroso?

-¿Por qué no empiezas despacio?

-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.

-…O desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.

Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…

Desplegó sus alas.

Las agitó en el aire con todas sus fuerzas… pero
igual… se precipitó a tierra…

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su
padre:

-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe
que me di!. No soy como tú. Mis alas son
de adorno… – lloriqueó.

Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el
espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como
tirarse en un paracaídas… necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar
corriendo un riesgo. Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será
resignarse y seguir caminando como siempre.

Conclusion.

Para aprender a volar siempre hay que empezar
corriendo un riesgo. Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será
resignarse y seguir caminando como siempre. No permitas que nadie impide ese
derecho a volar que esta en ti mismo

*Fuentes
senaladas

Exatec-
Egade

Consultor-
asesor emprearial de Deproimca

 Docente Area de
postgrado Faces. UC

 carmorvane@gmail.com