pautas generacionales y asuntos de familia

Jesus Huertas Duque

“En mi familia nadie entendería que yo trabajara menos de 12 horas para la empresa”; “ya solo tener el apellido te marca una manera de ser y de comportarte”; “familia y empresa, en nuestro caso, son términos indisolubles”. Efectivamente hoy quiero hablaros de lo que es la empresa familiar.

En España, más del 80% del entramado empresarial es de origen familiar. Y cuidado, cuando hablamos de empresas familiares no cometamos el error de pensar en empresas de tamaño pequeño, ya que las hay de miles de empleados. Pero si algo he podido observar en mi desarrollo profesional asesorando a empresas familiares son una serie de coincidencias en todas ellas.

En primer lugar, el fundador o fundadora de la empresa suelen ser personas con un fuerte carácter y personalidad, que les hace resistir cualquier golpe que les asesta la vida. Son personas que tienen la capacidad de elegir siempre la opción más fácil cuando tienen diversas opciones. Algo que también he podido observar en los últimos tiempos es que suelen abundar los emprendedor@s introvertidos frente a los que tienen una personalidad extrovertida. Y un último factor que me encanta de estos emprendedor@s es su enorme sentido común que les hace ver cada circunstancia en su justa medida.

En el caso de las empresas familiares, el llevar el apellido del fundador te suele imprimir un carácter que te lleva a situar el proyecto empresarial por encima de otras parcelas de tu vida. En el caso de los familiares siempre se dirá eso de que, “con esta persona, el compromiso en el proyecto está fuera de toda duda”. Esto tiene su lógica, porque si fallas a tu jefe, pero resulta que tu jefe es tu padre, el sentimiento de culpabilidad es doble.

Algo que también observo en la empresa familiar es la resistencia que suelen tener a adoptar nuevas maneras de entender el negocio con vistas a modernizar procedimientos y procesos. Hoy en día estamos inmersos en un proceso que consiste en hacer entender a estas empresas que familiar no tiene que ser sinónimo de “rancio” ni de “antiguo”. De hecho, nos encontramos con el fantástico reto de profesionalizar las estructuras de estas organizaciones, con el objetivo de generar beneficios y de reordenar algunos sistemas de funcionamiento que se han quedado caducos.

Igualmente, siempre se dijo eso de que “la primera generación lo fundaba; la segunda lo disfrutaba, y la tercera lo destruía”. De hecho, a la tercera generación se le denominaba la de los poetas. Pues bien, hoy en día, una de las cosas que nos ha enseñado esta crisis es que la segunda generación se ha convertido en un trampolín hacia el cierre de muchos negocios familiares que fueron de éxito en el pasado. ¿Y por qué ocurre esto? En algunos casos nos encontramos con personas de segunda generación que casi no conocen el negocio y, de repente, se incorporan a la estructura de equipo. Es evidente que el no conocer la realidad empresarial te puede llevar a tomar decisiones erróneas.

Pero, además, últimamente son varios los casos en los que me he encontrado con personas de segunda generación que no se han encargado de formarse ni reciclarse para los nuevos retos que tendrán que acometer. Me encuentro no pocas veces con que me dicen eso de “yo llevaré el negocio como lo ha llevado mi padre, y a él no le han ido mal las cosas” y ante eso solo se les puede decir que efectivamente su padre lo hizo genial, pero que los tiempos cambian y que si su padre tuviera que abrir ahora un negocio, seguramente no lo harían de la misma manera. Los tiempos cambian y el nivel de exigencia cada vez es mayor porque Internet y la globalización hacen que hoy en día nuestra competencia más dura puede que no sea la empresa de al lado, sino otra que está a cientos o miles de kilómetros.

También percibo que en este tipo de empresas familiares tradicionales, no está protocolizado un buen sistema de comunicación interna, de tal manera que todo se ciñe a la comunicación interna informal. En una ocasión una heredera de una empresa de transportes me dijo que en su casa, cada comida o cena, venía a ser como una reunión del comité de dirección. Eso está muy bien, pero ¡qué bueno sería que se generaran sistemas formales de comunicación que nos ayudaran a profesionalizar las estructuras!

Por último, en las empresas familiares nos encontramos con que los fundadores suelen mostrar muchas reticencias a abandonar la empresa (“nadie llevará la empresa como yo”; “mis hijos no están preparados”; “ya me gustaría a mí dejarlo pero no me dejan”). En una ocasión, comiendo con el fundador de una empresa en mi Segovia natal, me preguntó que dónde creía yo que estaba el principal problema de su empresa. Aún recuerdo el semblante de ese hombre cuando escuchó de mi boca que el problema de su empresa era él. Los fundadores tienen que darse cuenta de que, llegado el momento, tienen que ceder el control y la iniciativa a esa segunda generación y dejarles que dirijan la empresa con todas las responsabilidades que ello acarree.

Querido lector, querida lectora, si te has sentido identificado con este artículo, te diría que una empresa familiar no debe quedarse obligatoriamente rancia ni obsoleta, sino que puede y debe incorporar todas las novedades para profesionalizar las estructuras, sin perder el encanto que tienen este tipo de empresas. Eso sí, sin olvidar nunca lo que Don Corleone le decía a Johnny Fontane: “un hombre que no pasa tiempo con su familia, nunca puede ser un hombre de verdad”.

A %d blogueros les gusta esto: