quererse no es ser egoísta

9 enero 2011,  , 11 Comments

“Ser valiente para mirar en tu interior, analizarte, sentirte y llegar a respetarte y quererte no está relacionado con la vanidad, la arrogancia, el engreimiento ni el egoísmo, actitudes más cercanas al miedo que al amor. Todo lo contrario, quererse es ser generoso con uno mismo y el único modo de serlo con el mundo”
Concha Barbero

(Artículo de Concha Barbero, autora de “El don de vivir como uno quiere” y otras obras, a quien entrevistamosaquí en la sección El Lector Alternativo Inspira)

Quererse es descubrir la luz en tu interior

Sin embargo, hay muchas personas que consideran que quererse es ser egoísta, que quienes insistismos en la importancia de respetarse, de hacerse caso y de estar bien con uno mismo nos creemos el centro del mundo.

Cuando indicamos que hemos de recuperar nuestro poder suelen acotar también que sólo Dios tiene poder sobre nosotros.

Sin embargo, creo que si queremos tener a Dios lo más cerca posible, será cuando hallemos la divinidad que habita en nuestros corazones.

Argumentan también que somos quienes somos porque nos relacionamos con otras personas, que no nos veamos autosuficientes; y aquí veo su parte de razón (sin dejar de estar convencida de la importancia de los vínculos sin dependencias).

Admito que los seres humanos no somos los unos sin los otros, porque, además de necesitarnos en tantas ocasiones, somos LO MISMO, somos UNO.

Pero quererse no implica dejar de hacerlo con los demás. No es necesario elegir entre el amor hacia uno y hacia tus semejantes, sino que son dos hechos encadenados. Primero te quieres y, después, vas comprobando que ese “cariño propio” actúa como una especie de imán que atrae el de otras personas, incluso el de aquéllas de las que jamás hubieras esperado nada.

Lo que pierdes y quitas

Ahora bien, sentirse excesivamente necesario o imprescindible en relación con los demás es a veces un gusto para el ego, pero un disgusto para el verdadero YO, que termina quejándose, a través del cuerpo y la mente, enfermando o teniendo graves percances.

El coste de no practicar el amor con uno mismo es muy elevado, porque nos conduce a la renuncia de nuestra propia libertad.

Y no amarte te hace invadir y apropiarte de lo que no es tuyo, porque, vacío de ti empleas “caridad”, reverencias, manipulaciones y excesos para ganar el agradecimiento, el reconocimiento, el poder e, incluso, “el amor” de aquellos a quienes les estás pidiendo pareciendo que les das…

Por otra parte, si no te quieres, sólo esperas recibir y entonces…

Experimentas muchos momentos de frustración, porque los demás casi nunca responden como quisierasProbablemente tus expectativas son irrealizables; te forjas la idea de que quien no está preparado para agradarte o darte lo hagaTe mueves en picos de optimismo y pesimismoPierdes confianza y te sientes débil y sin fuerzas para seguirVives atado a lo que otros piensen de ti, te digan o te hagan y le restas valor a lo que piensas y puedes hacer por ti

Todo esto podría englobarse en una sola palabra: egoísmo

Lo que ganas y regalas

Uno no se quiere de la noche a la mañana, precisa, en primer lugar, tener la intención de hacerlo y luego desarrollar todo un proceso.

Es un acto de valentía que requiere recobrar la confianza en la vida, hallar tus valores y respetar tus sombras, perdonarte, entender la importancia de la asertividad y todo con altas dosis de humildad y energía.

Pero las ventajas son tan notorias que, una vez que emprendes tu autodescubrimiento jamás te arrepientes:

Manejas tus emociones y obtienes recursos para dar solución a tus necesidadesTe marcas el ritmo; sabes hasta dónde puedes llegar y vives sin estrés ni falsas expectativasTu vida transcurre en armoníaTe sientes fuerte y poderoso, aunque tus “metas” sean cercanas y tu caminoConoces el resultado de la libertad interior y eso hace que no des problemas a nadie, porque no pides; en tal caso, ayudas y das, incluso aunque no te lo propongas.

Todo esto podría englobarse en una sola palabra: generosidad. Y es lo que te puede hacer feliz y proyectar felicidad.

No me canso de repetirlo: prestarse toda la atención, el respeto y el amor que uno necesita es la raíz de una vida sana, digna, plena y generosa para los demás. La solución está, antes que en ninguna otra parte, DENTRO. No busquemos fuera.

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